Objetivo
En
esta unidad de contenido trabajaremos en torno al concepto de desarrollo
profesional docente e identificaremos algunas de las posibles estrategias para
lograrlo. De manera específica, incidiremos en la necesidad de trabajar de
forma colectiva y de huir de modelos de formación en TIC que únicamente
insisten en el manejo de aparatos tecnológicos. Asimismo, reflexionaremos sobre
la importancia del propio docente en la mejora de su propia práctica.
Formación docente y desarrollo profesional
La formación del profesorado constituye una condición necesaria pero no suficiente para promover el desarrollo profesional, dado que el último va a depender, de un conjunto de factores que posibilita que el profesorado avance en su vida profesional, tales como el salario, demanda del mercado laboral, clima laboral en los centros, promoción dentro de la profesión, estructuras jerárquicas, la carrera docente, etc. (Imbernón, 2011).
Así pues, la formación permanente es un elemento más de ese amplio abanico y tiene como principal finalidad el alcance de un desarrollo profesional integral.
Desde esta perspectiva, se entiende el desarrollo profesional docente como un proceso de evolución de las habilidades, funciones, técnicas y prácticas profesionales (donde se incluye la formación permanente), condicionado por las condiciones laborales, el ambiente de trabajo y las políticas educativas que rodean el entorno del profesorado.
- Repensar el modelo o enfoque formativo subyacente: De una formación técnica basada en la simple actualización científica, didáctica y pedagógica del profesorado, ha de pasarse a una formación centrada en preparar al profesorado para evaluar la necesidad potencial y la calidad de las innovaciones con TIC, desarrollar ciertas destrezas básicas en el proceso de enseñanza-aprendizaje, así como impulsar un compromiso con el medio social, promoviendo la participación activa y crítica, en un proceso dinámico y flexible.
- Contextualizar la formación a partir de las necesidades de mejora detectadas: Algunas políticas de formación del profesorado han apostado recientemente por la formación en centros frente a la oferta de cursos externos, con el propósito de responder a la necesidad de adaptación de la formación a los contextos propios y reales del profesorado.
- Dotar al profesorado de autonomía en la gestión del cambio: Supone reconocer el carácter específico profesional del profesorado y la existencia de un espacio donde éste pueda ser ejercido. Implica reconocer que los docentes han de ser verdaderos agentes sociales, planificadores y gestores de los procesos de enseñanza-aprendizaje, pudiendo intervenir en los complejos sistemas que conforman la estructura social y laboral.
- Potenciar la colaboración: Sumado a todo ello, el intercambio de experiencias entre iguales y la colaboración en los proyectos de otros profesionales ayudan a garantizar el alcance de una mayor calidad docente, institucional y social. Además, el proceso de colaboración entre los docentes (en el centro y entre centros) incrementa la confianza de este colectivo en la adopción de innovaciones.
Obstáculos en la formación docente
Formación para el uso innovador de las TIC
- Permitir y favorecer que el personal docente decida qué tecnologías se implantan, baraje las distintas alternativas en torno a qué recursos deben ser incorporados y para qué, delimite qué necesidades, problemas o intereses puede satisfacer la incorporación de estos recursos en sus centros y qué factores pueden dificultar su introducción e integración curricular. El profesorado debería actuar también en la labor más profunda de detección de necesidades, elaboración, adaptación y evaluación, de forma que las TIC dejen de ser el fin y pasen a ser un medio (uno de los muchos) para la formación y el desarrollo profesional pensados de una forma global, integral y social.
Hay una creencia generalizada de que las nuevas tecnologías vienen a garantizar el desarrollo profesional porque su uso puede presuponer una formación que empodera al profesorado para realizar trabajos e investigaciones, reflexionar con sus compañeros, intercambiar experiencias así como trabajar de forma colaborativa (Rodríguez Torres, 2012). Sin embargo, esta idea no está totalmente ajustada a la realidad, toda vez que no se acaba de abandonar la gestión centralizada y la estructuración jerarquizada de las actividades formativas y los proyectos educativos.
La integración de las TIC puede constituir una coyuntura idónea para fomentar la innovación en los centros, siempre y cuando persigamos una formación para la transformación de la práctica capaz de integrar las siguientes características esenciales:




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